Cadereyta y Poza Rica: La misma negligencia con distinto nombre
Por Gustavo García Salazar
No es casualidad que la explosión en la compañía Marvic, en el municipio de, Cadereyta, nos haya hecho pensar de inmediato en Poza Rica. Aquí, donde el olor a petróleo se mezcla con el aire que respiramos, todos sabemos que Pemex es una bomba de tiempo. Lo dicen los trabajadores en sus protestas, lo murmuran los vecinos cuando pasa otra fuga, y lo confirman los parches mal puestos en tuberías que deberían haberse cambiado hace años.
Lo de Cadereyta no fue un «accidente». Fue el resultado de lo que pasa cuando las empresas priorizan la producción sobre la seguridad, cuando el mantenimiento es un gasto prescindible y las advertencias se archivan. ¿Suena familiar? En Poza Rica llevamos décadas viendo lo mismo.
Pemex no necesita un incendio espectacular como el de Marvic para demostrar que está al borde del colapso. Basta con ver cómo operan sus instalaciones: equipos viejos, protocolos ignorados y trabajadores que tienen que rogar por herramientas básicas para no poner en riesgo sus vidas. ¿Cuántas marchas más tendrán que hacer? ¿Cuántos reportes de fugas tendrán que salir en las noticias?
Lo peor es que todos lo saben. Los ingenieros lo saben, los operarios lo saben, hasta las autoridades lo saben. Pero aquí seguimos, cruzando los dedos para que no sea hoy, para que no sea mañana, para que no sea nunca. Pero Cadereyta nos recordó que los nunca a veces llegan.
No es cuestión de si pasará, sino de cuándo. Y cuando suceda, vendrán los discursos, las promesas y las investigaciones que no llevarán a nada. Mientras tanto, Poza Rica sigue respirando ese aire pesado, esperando que alguien, en algún momento, decida que la vida vale más que el petróleo.
Pero no van a decidirlo solos. Habrá que exigirlo.
Nos leemos el próximo lunes
@llamada de emergencia



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