MINNEAPOLIS.- La ciudad atraviesa un verano marcado por ataques armados y tiroteos que han estremecido a la población, afectando la seguridad en escuelas, iglesias y espacios públicos.
El primer episodio fue el ataque mortal contra políticos estatales en los suburbios. Después, un tiroteo en un picnic dejó un fallecido y cinco heridos. A los pocos días, un hombre abrió fuego contra estudiantes frente a una secundaria católica, causando la muerte de una persona y dejando seis heridos.
La situación se tornó aún más dolorosa cuando un tirador irrumpió en la iglesia de la Anunciación, donde más de 200 niños asistían a misa. Dos menores perdieron la vida y otras 18 personas resultaron heridas. El atacante, identificado como Robin Westman, se suicidó tras el ataque y dejó escritos donde desahogaba su odio hacia distintos grupos sociales.
El gobernador Tim Walz ordenó la colaboración de la policía estatal con las fuerzas locales para reforzar la seguridad en escuelas e iglesias. Autoridades estatales subrayaron que la población no está sola y que los esfuerzos de vigilancia buscan devolver la confianza a la comunidad.
Aunque los niveles generales de delincuencia han disminuido en comparación con años anteriores, la violencia armada repuntó este verano, mostrando vehículos blindados y equipos tácticos recorriendo la ciudad.
Para las familias, el dolor ha sido inmenso. Sin embargo, habitantes como Tess Rada y Vincent Francoual aseguran que la violencia no define a la ciudad y que la fortaleza comunitaria sigue siendo el verdadero rostro de Minneapolis.



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