Ciudad de México.– La noche del 9 de noviembre el Auditorio Nacional fue testigo de un concierto lleno de magia, emociones y gratitud, cuando Natalia Lafourcade se presentó ante un recinto abarrotado que celebró cada instante de su espectáculo. Con más de dos décadas de trayectoria, la artista veracruzana reafirmó su papel como una de las voces más influyentes de América Latina.
El inicio estuvo marcado por un silencio respetuoso que permitió disfrutar de “Cancionera” en su máxima expresión, tras la ovación inicial al verla aparecer en el escenario con un vestido blanco bordado en rojo. Desde ese momento la comunión entre artista y público fue absoluta. “Buenas noches México, bienvenidos al Auditorio Nacional, qué bonito estar aquí”, expresó para arrancar una velada que pronto se llenó de coros, aplausos y emociones compartidas.
El concierto se convirtió en un recorrido íntimo y vibrante por canciones como “Cariñito de Acapulco”, “Mascaritas de cristal”, “De todas las flores” y “Pajarito colibrí”, esta última interpretada con un discurso profundamente personal donde compartió reflexiones sobre la música como medicina y compañera de vida. Los asistentes respondieron con gritos de cariño y frases como “Eres lo máximo” o “Gracias Natalia”, que la artista correspondió con sonrisas, abrazos simbólicos y gestos de gratitud.
El espectáculo también contó con invitados especiales como David Aguilar, con quien interpretó “Como quisiera quererte” y “Soledad y el mar”, además de Adán Jodorowsky, con quien compartió “Luna creciente”. Cada colaboración mostró la complicidad y respeto entre colegas, enriqueciendo la experiencia musical.
En medio del concierto, Lafourcade habló con franqueza de su embarazo, asegurando que cada canción la conecta con la vida, el amor y la esperanza. “Estoy cocinando un pastelito de amor”, dijo entre risas, mientras el público la aplaudía con ternura y admiración.
El clímax llegó con temas como “La bruja” y “Nunca es suficiente”, que hicieron cantar a todo el auditorio con una energía desbordante. Finalmente, conmovida hasta las lágrimas, la cantautora se despidió con palabras sobre la importancia de cuidarnos como humanidad y reconoció que se alejará momentáneamente de los escenarios para dedicarse a su maternidad.
El cierre de la noche llegó con “Cocos en la playa”, junto a Aguilar y Jodorowsky, en un ambiente festivo que selló una velada inolvidable. Entre ovaciones de pie y rostros emocionados, Natalia Lafourcade dejó claro que su música sigue siendo un refugio y un canto de esperanza en tiempos difíciles.



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