Puerto Príncipe, Haití.– El país caribeño enfrenta uno de los momentos más críticos de su historia reciente, atrapado en una espiral de violencia que sus propios líderes describen como una verdadera guerra. Laurent Saint-Cyr, jefe del consejo presidencial de transición, alzó la voz ante la Asamblea General de la ONU en Nueva York para exigir apoyo internacional inmediato frente al flagelo de las pandillas y la hambruna que golpea a millones.
“Cada día, vidas inocentes se extinguen… Enteros vecindarios están desapareciendo”, advirtió Saint-Cyr, al subrayar que Haití libra una batalla desigual entre criminales armados que buscan imponer el terror y una población que resiste en defensa de su dignidad y libertad.
La situación es alarmante: la ONU reporta más de 3,100 muertos y 1,189 heridos solo de enero a junio, además de 1.3 millones de personas desplazadas. La violencia no solo enfrenta a pandillas con la policía, sino también con grupos de autodefensas que se levantan para proteger a sus comunidades.
Al mismo tiempo, la crisis alimentaria amenaza con hundir aún más al país: más de la mitad de los casi 12 millones de habitantes podrían sufrir hambre severa este año.
Pese a la presencia de una misión internacional respaldada por la ONU y liderada por policías kenianos, los esfuerzos han resultado insuficientes. Con menos de mil efectivos desplegados —muy lejos de los 2,500 prometidos— y un fondo que apenas cubre el 14% de los recursos necesarios, la respuesta mundial sigue siendo frágil ante la magnitud del desastre humanitario.



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