Cuando la alarma suena, la prevención habla
Por Gustavo García Salazar
Poza Rica, Ver.– A las 15:56 horas, el sonido de la alarma sísmica interrumpió la rutina en Poza Rica y evidenció la falta de cultura preventiva en la ciudad, luego de que la alerta no correspondiera a un simulacro ni a una situación habitual para la población, provocando confusión, falta de reacción y desconocimiento sobre cómo actuar ante una advertencia de riesgo.
La activación de la alarma generó diversas reacciones entre la ciudadanía: cuestionamientos sobre por qué sonó en una ciudad donde “casi no tiembla”, personas que la ignoraron, algunas que salieron sin rumbo definido y otras que simplemente no reaccionaron. Este escenario dejó al descubierto que la población no está preparada para responder cuando un sistema de alerta emite una advertencia.
La alarma sísmica no tiene como objetivo generar miedo, sino ganar tiempo. Se trata de segundos que, en una emergencia real, pueden significar salvar vidas. El sistema no predice, no exagera ni evita los eventos; únicamente advierte, y la advertencia es el primer paso para protegerse.
Este sistema opera mediante sensores instalados en zonas sísmicas del país, los cuales detectan movimientos con potencial de causar afectaciones y envían una señal anticipada que activa la alarma en ciudades donde el impacto podría sentirse segundos después, permitiendo evacuar, protegerse y reaccionar oportunamente.
Aunque Poza Rica no se considera una zona de alta actividad sísmica, el Atlas de Riesgo municipal contempla al sismo como un riesgo básico. En materia de protección civil, los riesgos básicos no se ignoran, se respetan, ya que la emergencia no depende de su frecuencia, sino del nivel de preparación.
Más allá del evento, la alerta dejó una reflexión adicional: la población no está acostumbrada a recibir avisos de riesgo a través del teléfono celular. El sonido resultó sorpresivo y tomó a muchos fuera de preparación, lo que abre el cuestionamiento sobre por qué no se utilizan estos mismos sistemas de alerta para los riesgos que afectan con mayor frecuencia a la región.
Poza Rica y su entorno han enfrentado inundaciones, lluvias intensas, huracanes y crecientes súbitas, fenómenos recurrentes que han dejado pérdidas y temor. A pesar de ello, no se ha consolidado una cultura de alertamiento temprano a través de dispositivos móviles, aun cuando la tecnología existe y los sistemas pueden activarse para advertir sobre lluvias extremas, crecidas de ríos, huracanes o riesgos inminentes.
El sonido de una alerta no debería ser extraño, sino familiar, reconocido y respetado. Una advertencia a tiempo puede permitir evacuar con anticipación, proteger a las familias, evitar quedar atrapados y reducir pérdidas materiales.
La emergencia no inicia cuando llega el agua, sino cuando se ignora la advertencia. El reciente sonido sorprendió precisamente por la falta de costumbre, aunque en el futuro podría salvar vidas si se aprende a escucharlo y a reaccionar.
Especialistas en protección civil coinciden en que adoptar sistemas de alerta, reconocer los sonidos, educar a la población y practicar protocolos de reacción no es una exageración, sino una responsabilidad colectiva. La prevención no hace ruido constante, pero cuando suena, debe ser entendida.
La alarma sísmica duró sólo unos segundos; la reflexión, en cambio, debe permanecer. Si en el futuro el celular vuelve a alertar sobre un riesgo real como una inundación, un huracán o una creciente, la pregunta seguirá siendo la misma: ¿se sabrá actuar o se volverá a improvisar?
La prevención no se improvisa el día del evento. Se construye, se enseña y se respeta con anticipación. Porque cuando la alarma suena, la prevención habla.



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