Existe una idea muy arraigada en el resto de la República: si eres de Veracruz, seguramente despiertas con el sonido de las olas, caminas sobre arena para ir al trabajo y, probablemente, tienes un cangrejo de mascota o un tiburón en el patio. Para muchos, el veracruzano es, por definición, «costeño», habla con el ritmo del Caribe y solo conoce el calor tropical.
Sin embargo, los datos cuentan una historia mucho más diversa y sorprendente.

El mito del estado «100% playero»
Es cierto que Veracruz es la envidia de muchos por sus 720 kilómetros de litoral frente al Golfo de México. Es una franja inmensa que va desde Tuxpan hasta Coatzacoalcos, llena de arrecifes, dunas y manglares. Pero aquí viene el dato que rompe el estereotipo:

De los 212 municipios que conforman el estado, solo entre 25 y 30 tienen frente de playa directo.
Esto significa que aproximadamente el 87% de los municipios veracruzanos no tienen mar. Mientras en el imaginario colectivo todos somos gente de costa, la realidad es que la gran mayoría de los ayuntamientos se encuentran tierra adentro, repartidos en una geografía que desafía cualquier etiqueta simple.

De la arena a la nieve: Un estado de contrastes
Veracruz no es solo una línea de costa; es un coloso de 71,820 kilómetros cuadrados (el 3.7% del territorio nacional) con forma de media luna. Su verdadera riqueza no está solo en el agua salada, sino en su verticalidad.
- Montaña y Frío: Mientras alguien en el puerto disfruta de un café bajo el sol, a pocas horas de distancia, en la región de las Altas Montañas, otros viven entre bancos de niebla, bosques de pino y el frío legítimo de la Sierra Madre Oriental.
- Diversidad de Ecosistemas: El estado es un mosaico que incluye selvas húmedas, zonas de campo destinadas a la agricultura y ganadería, y cumbres volcánicas que nada tienen que ver con el estereotipo del «jarocho» en la playa.

Más que un acento
Esa imagen del veracruzano que solo habla «golpeadito» y como costeño se queda corta. En un estado tan extenso —el undécimo más grande de México—, conviven identidades de montaña, de ciudad y de campo. Un habitante de la zona norte tiene una cultura y un habla distinta al del sur o al de la zona centro montañosa.
Así que, la próxima vez que pienses en Veracruz, recuerda que antes de imaginar un coco o un tiburón, hay que mirar hacia las nubes y las montañas. El mar es solo la orilla de un mundo mucho más vasto.




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