Por TUM. Gustavo García Salazar.
El reciente derrame de petróleo en el Golfo de México evidencia la necesidad de una respuesta oportuna y contundente, ya que en el manejo de emergencias el tiempo es un factor determinante y cada omisión puede agravar las consecuencias.
Desde la perspectiva del manejo de emergencias, señaló que cuando un incidente no se atiende desde el primer momento deja de ser un hecho aislado para convertirse en una crisis, situación que —indicó— es lo que actualmente ocurre con este derrame.
Explicó que el petróleo en el mar no es solo una mancha superficial, sino un daño progresivo que afecta la vida marina, contamina ecosistemas y altera ciclos naturales que tardaron décadas en formarse, por lo que no puede minimizarse con declaraciones o estrategias de comunicación.
En este contexto, advirtió que el enfoque no debe centrarse en contener el impacto mediático, sino en atender el daño ambiental de manera efectiva, al subrayar que ninguna narrativa sustituye una acción real.
Asimismo, destacó la importancia de reconocer la magnitud del problema e informar con claridad a la población, al señalar que uno de los riesgos menos dimensionados es el impacto en la salud pública, particularmente por el consumo de productos marinos provenientes de zonas contaminadas.
Indicó que la ingesta de peces contaminados puede representar riesgos que no siempre son inmediatos, por lo que consideró indispensable reforzar los controles de calidad, implementar vigilancia estricta, realizar muestreos constantes y garantizar una comunicación transparente hacia la ciudadanía.
El especialista subrayó que minimizar o retrasar la información no resuelve la problemática, ya que mientras se discute el discurso, el daño continúa avanzando, afectando aves, peces, manglares y toda la cadena ambiental, económica y social.
Añadió que en las costas del Golfo cientos de familias dependen directamente del mar, entre pescadores, comerciantes y prestadores de servicios, por lo que la situación impacta su sustento diario, generando incertidumbre y vulnerabilidad.
En ese sentido, enfatizó que el gobierno debe actuar con rapidez y priorizar la intervención sobre la imagen, ya que la gestión de una crisis se mide por las acciones y no por los mensajes.
Recalcó que se requiere un despliegue técnico, recursos suficientes, coordinación entre niveles de gobierno y transparencia, al señalar que la ciudadanía necesita resultados visibles.
Finalmente, advirtió que las consecuencias del derrame no serán inmediatas ni pasajeras, pues podrían extenderse durante meses o años, con daños potencialmente irreversibles en los ecosistemas, afectaciones económicas prolongadas y posibles impactos en la salud pública.
Concluyó que las crisis no se resuelven solas, sino con decisión, recursos y voluntad, al señalar que la contaminación del mar implica una afectación directa a la vida, por lo que no hay espacio para simulaciones.



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