Por Gustavo Garcia Salazar
En Poza Rica de Hidalgo, el calor es una constante. Todos lo conocen y todos lo padecen. Sin embargo, existe un lugar donde ese calor no debería convertirse en un enemigo adicional: un hospital. Más aún, un hospital que en otros tiempos fue referente en la ciudad.
Hoy, la realidad es distinta. La presencia de una dirección cuestionada se refleja, según múltiples señalamientos, en carencias que se han acumulado durante años, afectando no solo la infraestructura física, sino también la disponibilidad de personal especialista.
Pacientes esperan atención en áreas sin aire acondicionado, soportando temperaturas que no solo resultan incómodas, sino que pueden agravar su estado de salud.
Al mismo tiempo, el personal médico trabaja bajo condiciones que deterioran su rendimiento, su concentración y su capacidad de respuesta.
Todo esto ocurre en una ciudad donde el clima extremo no es una sorpresa, sino una condición conocida que exige preparación.
Y, aun así, esa preparación parece ausente.
Sin embargo, reducir la problemática al funcionamiento del aire acondicionado sería simplificar demasiado.
El calor es apenas el síntoma más visible de una situación más profunda: un sistema debilitado por la falta de especialistas, el desabasto de medicamentos y una operación sostenida más por esfuerzo individual que por una estructura verdaderamente funcional.
Lo verdaderamente grave no es solo la falta de recursos.
Es la falta de dirección.
Cuando un hospital acumula carencias, cuando las fallas se repiten y cuando las condiciones no mejoran, la responsabilidad no puede seguir diluyéndose en discursos que señalan a otras áreas o gerencias.
Ese argumento, repetido constantemente, ha dejado de convencer.
Por el contrario, exhibe una realidad incómoda: la incapacidad de asumir el mando.
Dirigir no es explicar por qué no se puede.
Dirigir es hacer que suceda.
Hoy, el hospital enfrenta algo más peligroso que el calor: una ausencia de liderazgo efectivo.
Una gestión donde las decisiones no llegan, las soluciones no aparecen y el deterioro se vuelve parte de la rutina.
Y entonces surge una pregunta inevitable dentro y fuera del hospital:
¿Por qué se mantiene una dirección que no resuelve?
Porque si no hay aire acondicionado, si faltan medicamentos, si no existen suficientes especialistas y si el personal trabaja en condiciones adversas, el problema deja de ser circunstancial.
Se vuelve estructural.
Y lo estructural tiene responsables claros.
También surge otra interrogante:
¿Se está evaluando realmente la gestión o únicamente la contención del gasto?
Porque si el criterio principal es no invertir, el resultado es exactamente el que hoy se vive: un hospital que opera al límite, con carencias permanentes y una sensación constante de abandono.
A ello se suma un elemento que no puede ignorarse: el trato hacia el personal.
Un hospital no se sostiene únicamente con infraestructura.
Se sostiene con su gente.
Y cuando esa gente enfrenta desgaste, presión y condiciones laborales deterioradas, el impacto es inevitable.
No se puede exigir calidad en medio del deterioro.
No se puede pedir resultados sin condiciones.
No se puede construir confianza sin liderazgo.
Mientras tanto, la población continúa llegando.
No porque el sistema funcione adecuadamente, sino porque no existe alternativa.
Porque la salud no espera.
Porque la necesidad obliga.
Y ahí están: enfrentando calor, escasez y un servicio que, en lugar de ofrecer certeza, genera incertidumbre.
El problema ya dejó de ser técnico.
Se convirtió en un problema directivo.
Porque cuando un hospital comienza a parecerse más a un espacio de resistencia que de atención, cuando las fallas se normalizan y cuando la respuesta institucional es mirar hacia otro lado, la conclusión se vuelve inevitable:
El daño ya no lo provoca el entorno.
Lo provoca la forma en que se está conduciendo.
Y en ese punto, el silencio deja de ser prudencia.
Se convierte en complicidad.
La pregunta permanece abierta:
¿Hasta cuándo se seguirá manteniendo a este tipo de líderes?
Queda entonces el recuerdo de lo que algún día fue ese hospital.
@llamada de emergencia



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