Ausencia de liderazgo agrava crisis en hospital de Pemex en Poza Rica
En Poza Rica de Hidalgo el calor aprieta, pero hay algo que está llevando al límite a la población: el colapso silencioso y cada vez más evidente del hospital de Pemex.
Aquí no hay exageración. Hay hechos.
Un director que, en plena crisis, frente a trabajadores inconformes y evidenciado en múltiples videos durante la protesta del sindicato de la sección 30, lanza una frase que debería cimbrar cualquier estructura institucional:
“¡Denme una solución!”
No es un error de comunicación.
No es un momento aislado.
Es el reflejo de un problema mayor: la ausencia total de liderazgo.
Porque cuando quien encabeza una institución pide respuestas en lugar de darlas, lo que realmente está diciendo es que ha perdido el control. Y peor aún, que nunca lo tuvo.
Entonces la pregunta ya no es incómoda… es obligatoria:
¿cómo permitimos que alguien así dirija un hospital?
Porque no estamos hablando de cualquier espacio. Estamos hablando de un lugar donde la vida depende de decisiones oportunas, de organización, de carácter. Y hoy, lo que hay es todo lo contrario.
Un hospital sin medicamentos suficientes.
Especialistas que no están cuando se necesitan.
Ambulancias que en ciertos momentos simplemente no existen para responder.
Y lo más indignante: trabajadores sometidos a un ambiente de malos tratos y denigraciones que no solo afectan su dignidad, sino que impactan directamente en la atención que recibe la población.
Esto no es una falla administrativa.
Esto es una cadena de irresponsabilidades.
Porque el problema no se queda en un solo edificio. La clínica Satélite vive la misma realidad: carencias, desorden y una dirección ausente. Lo que debería ser un sistema de atención médica es, hoy, una estructura debilitada desde arriba.
Y mientras tanto, el discurso es el de siempre: culpar a otros, repartir responsabilidades, señalar hacia afuera.
Pero el liderazgo no se comparte cuando conviene.
El liderazgo se asume.
Y aquí, claramente, no se está asumiendo.
En una ciudad como Poza Rica, donde el calor extremo agrava enfermedades y pone en riesgo a la población más vulnerable, un hospital debería ser un punto de certeza. Hoy es un punto de duda.
Hoy es un lugar donde no sabes si habrá medicamento.
Donde no sabes si habrá especialista.
Donde no sabes si habrá respuesta.
Y eso, en términos de salud, es inaceptable.
Pero hay algo todavía más grave: la normalización.
Porque poco a poco, se ha ido instalando la idea de que esto “es lo que hay”. Que así funciona. Que no se puede hacer más. Y no. No es cierto.
Esto no es normal.
Esto no es inevitable.
Esto es resultado de decisiones… o de la falta de ellas.
Montiel no es el problema completo, pero sí es el rostro visible de una crisis que ya no se puede esconder. Y cuando el rostro de una institución pide ayuda en lugar de dirigir, lo que queda claro es que el problema no está abajo.
Está arriba.
Y mientras eso no cambie, no habrá solución que alcance.
Porque un hospital puede sobrevivir a la falta de recursos por momentos…
lo que no sobrevive es a la falta de liderazgo.
Nos leemos el próximo lunes
@llamada de emergencia



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